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General · Tucumán

Lionel Messi: contra la genialidad no hay libreto

Por La Gaceta ·

Argelia diseñó un plan inteligente para frenar a la Selección, pero el "10" se encargó de volverlo inútil: rompió todas las reglas y resolvió el partido por su cuenta

Resumen para apurados - Lionel Messi lideró a Argentina con un triplete para vencer 3-0 a Argelia en el debut del Mundial 2026 en Kansas, superando el férreo planteo táctico del rival. - Argelia complicó el juego argentino con un esquema defensivo inteligente, pero Messi rompió el cerrojo en el primer tiempo y Scaloni ajustó la táctica en el complemento. - Este triunfo consolida el debut de Argentina en el torneo y reafirma la vigencia de Messi como pieza clave, marcando un sólido punto de partida para el resto del Mundial. Si un duelo táctico fuese una partida de un videojuego, Lionel Messi sería ese personaje todopoderoso que rompe por completo la dinámica del juego. El que hackea cualquier regla preestablecida. Los jugadores saben que elegirlo es casi injusto. Algo así debe sentir cualquier argelino después del 3-0 de la Selección sobre el conjunto africano. El capitán argentino desarmó todos los moldes: desafió esquemas, disposiciones tácticas y planes de partido. Sólo necesitó seis toques y ponerse de frente al arco para dar el primero de sus tres golpes y redondear una tarde-noche histórica en Kansas en la que ni el mejor de los estrategas hubiera podido encontrar respuestas. Y eso que Vladimir Petkovic hizo un planteo inteligente y, durante varios minutos, hasta lo ejecutó a la perfección. Su 4-1-4-1 tenía un objetivo claro: clausurar el juego interior de la “Scaloneta”. Rodeó con hasta cinco futbolistas la zona central y tapó cada posible línea de pase hacia tres cuartos de cancha. Para Lautaro Martínez, Thiago Almada y el propio Messi era casi imposible recibir con espacios o en una posición favorable para atacar. Lionel Scaloni, por su parte, apostó a una fórmula conocida. Un 4-4-2 en fase defensiva, pero con flexibilidad y rotaciones permanentes cuando Argentina tenía la pelota. Alexis Mac Allister se ubicó como volante central, Rodrigo De Paul por derecha, Enzo Fernández por izquierda y Almada con libertad para moverse como en posición de “10”. Lautaro fue el “9”. Messi fue Messi. Durante buena parte del primer tiempo, Argelia ganaba el partido táctico. Argentina no encontraba la manera de romper ese cerrojo. No hallaba espacios por dentro y tampoco parecía un equipo diseñado para lastimar por afuera. Para colmo, los africanos llegaron a ilusionarse: Fares Chaibi marcó un gol que luego fue anulado, en una secuencia que tuvo su espejo minutos antes con otro tanto invalidado al capitán argentino. Pero, con un jugador como Messi no vale. Porque hay planteos que funcionan contra equipos, no contra futbolistas capaces de alterar el contexto. En la primera pelota que De Paul logró filtrarle a la espalda de los volantes rivales, el capitán hizo lo que hace desde hace dos décadas: resolver. El análisis táctico, en ese momento, pasó a un segundo plano. La genialidad suele dejar sin respuestas a cualquier estratega. Con el 1-0, el partido mutó por completo. Argelia se vio obligada a adelantar líneas, asumir riesgos y tener más la pelota. Argentina, cómoda con la ventaja, aceptó ese escenario sin problemas. Los africanos monopolizaron la posesión, pero sin profundidad. La Selección, en cambio, encontró algo que hasta entonces no había tenido: espacios. Scaloni entendió rápidamente ese nuevo contexto. En el complemento movió el banco y envió a la cancha a Nicolás González, Nahuel Molina y Julián Álvarez. Futbolistas ideales para atacar metros libres, acelerar transiciones y sostener la intensidad defensiva. Argentina controlaba el partido sin necesidad de brillar. Pero otra vez: con Messi no vale. Un par de toques por izquierda, como quien juega un picado en una plaza, alcanzaron para desarmar todo. La jugada terminó con un remate de Mac Allister y un rebote que encontró al capitán en el lugar indicado. Definió de derecha, casi como un pase a la red. El 2-0 sentenció una historia que ya parecía resuelta. La tónica no cambió. Argelia siguió atacando sin profundidad y Argentina continuó administrando ventajas. Pero mientras el “10” siguiera en cancha, el partido sería inevitablemente desigual. Recibió otra vez en la medialuna, levantó la cabeza y volvió a convertir. El tercero fue apenas la confirmación de una evidencia. Y entonces ocurrió algo curioso. Cuando menos nos dimos cuenta, ya nadie estaba mirando el partido. Ni qué hacía Argelia para descontar ni qué hacía Argentina para sostener la ventaja. Incluso el debut mundialista quedó en segundo plano. Todos estábamos mirando a Messi. Una atención que sólo los artistas y las leyendas consiguen apropiarse legítimamente. Por eso, en realidad, el partido terminó a los 80’. Terminó cuando el protagonista dejó la cancha entre una ovación y le cedió su lugar a Nicolás Paz. Porque el videojuego ya estaba resuelto. El personaje que rompe las reglas había hecho lo suyo. Y una vez que eso sucede, ya no queda mucho más por jugar.

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